Estas
últimas semanas han sido medio difíciles. No tanto físicamente, aunque si he
tenido un par de días de cansancio extremo y estoy empezando a tener sueño otra
vez; si no, más bien, emocionalmente.
Por un
lado, empezó el proceso de mandar a Giulia al nido. Hoy es exactamente un mes
que empezamos y, finalmente, me siento tranquila. Pero no fue fácil. He llorado
muchas mañanas, sobre todo las últimas, antes que por fin se fuera contenta.
Por alguna razón que desconozco (y creo que es común que pase así ahora que
recuerdo la experiencia de una amiga mía), parece que el proceso se pone peor
antes de ponerse mejor. Al menos ese fue nuestro caso. La semana pasada Giulia
lloraba mucho a la hora que me iba (cosa que no hacía al principio) y a mí se
me partía el corazón. Racionalmente sabía que tenía que aguantar y que era
parte del proceso y que ella estaba bien (porque cuando regresaba estaba
bastante contenta) pero la verdad es que cada mañana me daban ganas de no
llevarla nunca más. Total, yo podía estar con ella.
Probablemente
hubieran habido menos lágrimas (mías…y quizás también suyas) si no estuviera
embarazada, no sé. En general no he notado estar más llorona de lo normal en
otros ámbitos pero definitivamente si me emocionaba mucho con el tema del nido
y de dejarla y verla llorar, hasta cuando la veía de lejos jugando en el parque
con sus amigos se me salían las lágrimas…no sé, la veo tan chiquita (porque
además ES la más chiquita de su clase por unos seis meses) y me da tanta pena
que se acabe esta etapa de estar juntas todo el tiempo. Lo bueno es que hoy si
puedo decir que estoy feliz, que la dejé contenta, que cuando la recojo ya la
veo feliz, como es ella, saltando, gritando, hablando como un loro…ahora si
podré empezar a disfrutar mis momentos sola.
Giulia en el nido, yendo al parque
Por otro
lado, hace dos semanas tuve que decirle “hasta luego” a mi mejor amiga acá (y
una semana antes de eso, nos despedimos de su hijo, que es el mejor amigo de
Giulia). Esa es la parte más difícil (luego de estar lejos de la familia) de
esta vida de expatriada. Y ahora es aún más difícil porque también Giulia se
separa de sus amigos y, aunque no pensé que esto sería un problema a sus
escasos dos años, resulta que lo es y que es bastante doloroso para mí también.
Yo sé que Giulia no se acordará en el futuro de su amigo Fotis (ahora me
pregunta por él todos los días casi), pero el asunto está en que yo si me
acordaré de él y de lo amigos que se hicieron (cosa rara para la edad que
tienen en que los niños juegan paralelamente y no entre ellos) y de cómo se
divertían juntos. Despedirme de Chrisa no fue fácil (además es la segunda mejor
amiga que hago y tengo que despedir desde que llegué), nos hicimos muy cercanas
en estos últimos tres años, vivimos buena parte de nuestros primeros embarazos
juntas, nos veíamos casi todo los días, salimos embarazadas por segunda vez
casi al mismo tiempo, compartimos muchas de nuestra dudas y experiencias de
mamás primerizas, de esposas expatriadas, en verdad fuimos un apoyo bastante
grande la una para la otra. Y ahora ya no está. Seguiremos siendo amigas, de
eso no hay duda, y se que la volveré a ver pero despedirse nunca es fácil
(embarazada o no).
Para terminar
con la lista de experiencias fuertes de las últimas semanas, se murió mi perra
Toña en Lima. Y se murió cuando encima estaba sola (léase sin Alberto). La
pobre tenía de todo, siempre fue una perrita enferma y sabía que el día en que
nos abandonaría estaba cerca (de hecho, estaba casi segura que no la volvería a
ver) pero jamás pensé que se moriría accidentalmente y menos luego de haberla
visto por Skype como 20 minutos antes de que se nos fuera. Viéndolo por el lado
positivo, murió rápido y tuvo la bondad de ahorrarle a mis papás y a mi
hermano, el tener que tomar la decisión de ponerla a dormir si su condición
empeoraba (cosa que era bastante probable). Fue triste enterarme de la noticia
de lejos y, una vez más, no estar con mi familia en el momento. Todos corrieron
de sus trabajos a la casa para estar con mi mamá y enterrar a Toñita en el
jardín y yo no estuve ahí.
Encima de
todo esto, y no sé si justamente por todo eso (menos lo de Toña porque Giulia
no sabe que se murió) más el hecho que estoy embarazada y que tiene dos años y es
su labor ponerse medio pesada, Giulia anda en la etapa rebelde. Felizmente no
le dan pataletas, lo que le dan son “huelgas”, o sea que se sienta en el suelo
y no se quiere mover (por lo general cuando estamos en la calle). Huelgas y ganas
de retarme para ver hasta cuánto le aguanto. Así que ahora empezó más que antes
la etapa (y gran responsabilidad) de educar y de poner a prueba mi paciencia. Al
menos estoy contenta de que las huelgas sean huelgas y no escándalos en la
calle pero igual, al no estar yo al cien por cien físicamente como para cargarla,
tengo que armarme de mucha paciencia y buen humor para esperar a poder seguir
nuestro camino cada vez que decide entercarse.
Justo
porque las cosas con Giulia se están poniendo en plan “terrible two” y porque sé que voy a tener que ejercitar mi
paciencia con ella, es que tengo un poco de miedo. Ya lo estaba teniendo desde
antes pero con la inminente cercanía de la llegada de Chiara, el miedo aumenta.
Miedo de cómo voy a hacer con dos cuando esté sola (ojo, yo sé que no estoy sola
sola, que también está Alberto pero él no está todo el día con nosotras).
Justo ayer
una amiga me preguntaba cómo me sentía, si ya quería que nazca Chiara por el
cansancio que siento algunos días o qué era lo que estaba sintiendo. La verdad
le dije que no estaba segura sobre qué es lo que sentía. Sabía que no quería
dar a luz todavía pero aparte de eso no sabía qué más sentía. Luego de unos
minutos de caminar le dije que tenía miedo. Miedo de los próximos meses, miedo
de estar muy cansada, miedo de no poder dormir lo suficiente y de volverme
irritable, intratable y de que eso se refleje en mi día a día, en mi relación
con Alberto y en mi relación con Giulia y con Chiara. Miedo a que Chiara duerma
malísimo y que yo no tenga cómo recuperar las horas no dormidas. Miedo a que
Giulia deje las siestas y que mi plan de dormirlas al mismo tiempo para poder
dormir yo con ellas no resulte.
Con Giulia
tuve suerte, al menos los primeros seis meses su sueño fue bastante bueno y yo
pude dormir bien de noche. Pero cuando a los seis meses empezó a despertarse
cada dos horas (y ojo que felizmente sólo se despertaba, lactaba y se volvía a dormir,
o sea, nada de horas caminando por la casa de noche o desveladas feas), luego
de unas semanas de no dormir bien la diferencia se empezó a sentir. Al menos la
sentía yo. Mi paciencia no era la misma, odiaba a Alberto por ratos (a alguien
tenía que odiar, ¿no? ¡Y no iba a ser a Giulia!)…e insisto, no la tuve tan difícil,
sólo duro unos tres meses eso de las despertadas seguidas y fueron cada dos
horas no cada 45 minutos como he conocido casos.
Ese es mi
miedo ahora y quizás esa es otra de las razones por las que no quiero dar a
luz, una que no enumeré en mi post anterior. Porque por muy cansada que me
pueda sentir ahora algunas veces, todavía tengo la oportunidad de dormir en
cada siesta de Giulia (cosa que hago al menos dejando un día) o irme a la cama
justo cuando ella se acuesta y dormir de corrido hasta las 7 u 8 de la mañana.
¿Quién dice que voy a estar menos cansada cuando nazca Chiara? ¿Por qué habría
de ser más fácil con ella afuera? Por eso es que no me veo todavía en el punto
de decir “¡que ya nazca por favor!”, quizás lo diga en la semana 37, quizás
llegue a un punto de cansancio físico que si piense que es mejor tenerla afuera
y no dormir que seguir cargando la panza, no sé, por ahora la prefiero conmigo
en la panza, tener el control de mi rutina con Giulia en la que ya se, más o
menos, qué hacer y cómo se va a dar el día, en la que puedo planear momentos de
descanso y recuperarme si fue un día duro.
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