lunes, 16 de marzo de 2015

Tengo miedo…

Estas últimas semanas han sido medio difíciles. No tanto físicamente, aunque si he tenido un par de días de cansancio extremo y estoy empezando a tener sueño otra vez; si no, más bien, emocionalmente.

Por un lado, empezó el proceso de mandar a Giulia al nido. Hoy es exactamente un mes que empezamos y, finalmente, me siento tranquila. Pero no fue fácil. He llorado muchas mañanas, sobre todo las últimas, antes que por fin se fuera contenta. Por alguna razón que desconozco (y creo que es común que pase así ahora que recuerdo la experiencia de una amiga mía), parece que el proceso se pone peor antes de ponerse mejor. Al menos ese fue nuestro caso. La semana pasada Giulia lloraba mucho a la hora que me iba (cosa que no hacía al principio) y a mí se me partía el corazón. Racionalmente sabía que tenía que aguantar y que era parte del proceso y que ella estaba bien (porque cuando regresaba estaba bastante contenta) pero la verdad es que cada mañana me daban ganas de no llevarla nunca más. Total, yo podía estar con ella.

Probablemente hubieran habido menos lágrimas (mías…y quizás también suyas) si no estuviera embarazada, no sé. En general no he notado estar más llorona de lo normal en otros ámbitos pero definitivamente si me emocionaba mucho con el tema del nido y de dejarla y verla llorar, hasta cuando la veía de lejos jugando en el parque con sus amigos se me salían las lágrimas…no sé, la veo tan chiquita (porque además ES la más chiquita de su clase por unos seis meses) y me da tanta pena que se acabe esta etapa de estar juntas todo el tiempo. Lo bueno es que hoy si puedo decir que estoy feliz, que la dejé contenta, que cuando la recojo ya la veo feliz, como es ella, saltando, gritando, hablando como un loro…ahora si podré empezar a disfrutar mis momentos sola.

Giulia en el nido, yendo al parque

Por otro lado, hace dos semanas tuve que decirle “hasta luego” a mi mejor amiga acá (y una semana antes de eso, nos despedimos de su hijo, que es el mejor amigo de Giulia). Esa es la parte más difícil (luego de estar lejos de la familia) de esta vida de expatriada. Y ahora es aún más difícil porque también Giulia se separa de sus amigos y, aunque no pensé que esto sería un problema a sus escasos dos años, resulta que lo es y que es bastante doloroso para mí también. Yo sé que Giulia no se acordará en el futuro de su amigo Fotis (ahora me pregunta por él todos los días casi), pero el asunto está en que yo si me acordaré de él y de lo amigos que se hicieron (cosa rara para la edad que tienen en que los niños juegan paralelamente y no entre ellos) y de cómo se divertían juntos. Despedirme de Chrisa no fue fácil (además es la segunda mejor amiga que hago y tengo que despedir desde que llegué), nos hicimos muy cercanas en estos últimos tres años, vivimos buena parte de nuestros primeros embarazos juntas, nos veíamos casi todo los días, salimos embarazadas por segunda vez casi al mismo tiempo, compartimos muchas de nuestra dudas y experiencias de mamás primerizas, de esposas expatriadas, en verdad fuimos un apoyo bastante grande la una para la otra. Y ahora ya no está. Seguiremos siendo amigas, de eso no hay duda, y se que la volveré a ver pero despedirse nunca es fácil (embarazada o no).

Para terminar con la lista de experiencias fuertes de las últimas semanas, se murió mi perra Toña en Lima. Y se murió cuando encima estaba sola (léase sin Alberto). La pobre tenía de todo, siempre fue una perrita enferma y sabía que el día en que nos abandonaría estaba cerca (de hecho, estaba casi segura que no la volvería a ver) pero jamás pensé que se moriría accidentalmente y menos luego de haberla visto por Skype como 20 minutos antes de que se nos fuera. Viéndolo por el lado positivo, murió rápido y tuvo la bondad de ahorrarle a mis papás y a mi hermano, el tener que tomar la decisión de ponerla a dormir si su condición empeoraba (cosa que era bastante probable). Fue triste enterarme de la noticia de lejos y, una vez más, no estar con mi familia en el momento. Todos corrieron de sus trabajos a la casa para estar con mi mamá y enterrar a Toñita en el jardín y yo no estuve ahí.

Encima de todo esto, y no sé si justamente por todo eso (menos lo de Toña porque Giulia no sabe que se murió) más el hecho que estoy embarazada y que tiene dos años y es su labor ponerse medio pesada, Giulia anda en la etapa rebelde. Felizmente no le dan pataletas, lo que le dan son “huelgas”, o sea que se sienta en el suelo y no se quiere mover (por lo general cuando estamos en la calle). Huelgas y ganas de retarme para ver hasta cuánto le aguanto. Así que ahora empezó más que antes la etapa (y gran responsabilidad) de educar y de poner a prueba mi paciencia. Al menos estoy contenta de que las huelgas sean huelgas y no escándalos en la calle pero igual, al no estar yo al cien por cien físicamente como para cargarla, tengo que armarme de mucha paciencia y buen humor para esperar a poder seguir nuestro camino cada vez que decide entercarse.

Justo porque las cosas con Giulia se están poniendo en plan “terrible two” y porque sé que voy a tener que ejercitar mi paciencia con ella, es que tengo un poco de miedo. Ya lo estaba teniendo desde antes pero con la inminente cercanía de la llegada de Chiara, el miedo aumenta. Miedo de cómo voy a hacer con dos cuando esté sola (ojo, yo sé que no estoy sola sola, que también está Alberto pero él no está todo el día con nosotras).

Justo ayer una amiga me preguntaba cómo me sentía, si ya quería que nazca Chiara por el cansancio que siento algunos días o qué era lo que estaba sintiendo. La verdad le dije que no estaba segura sobre qué es lo que sentía. Sabía que no quería dar a luz todavía pero aparte de eso no sabía qué más sentía. Luego de unos minutos de caminar le dije que tenía miedo. Miedo de los próximos meses, miedo de estar muy cansada, miedo de no poder dormir lo suficiente y de volverme irritable, intratable y de que eso se refleje en mi día a día, en mi relación con Alberto y en mi relación con Giulia y con Chiara. Miedo a que Chiara duerma malísimo y que yo no tenga cómo recuperar las horas no dormidas. Miedo a que Giulia deje las siestas y que mi plan de dormirlas al mismo tiempo para poder dormir yo con ellas no resulte.

Con Giulia tuve suerte, al menos los primeros seis meses su sueño fue bastante bueno y yo pude dormir bien de noche. Pero cuando a los seis meses empezó a despertarse cada dos horas (y ojo que felizmente sólo se despertaba, lactaba y se volvía a dormir, o sea, nada de horas caminando por la casa de noche o desveladas feas), luego de unas semanas de no dormir bien la diferencia se empezó a sentir. Al menos la sentía yo. Mi paciencia no era la misma, odiaba a Alberto por ratos (a alguien tenía que odiar, ¿no? ¡Y no iba a ser a Giulia!)…e insisto, no la tuve tan difícil, sólo duro unos tres meses eso de las despertadas seguidas y fueron cada dos horas no cada 45 minutos como he conocido casos.

Ese es mi miedo ahora y quizás esa es otra de las razones por las que no quiero dar a luz, una que no enumeré en mi post anterior. Porque por muy cansada que me pueda sentir ahora algunas veces, todavía tengo la oportunidad de dormir en cada siesta de Giulia (cosa que hago al menos dejando un día) o irme a la cama justo cuando ella se acuesta y dormir de corrido hasta las 7 u 8 de la mañana. ¿Quién dice que voy a estar menos cansada cuando nazca Chiara? ¿Por qué habría de ser más fácil con ella afuera? Por eso es que no me veo todavía en el punto de decir “¡que ya nazca por favor!”, quizás lo diga en la semana 37, quizás llegue a un punto de cansancio físico que si piense que es mejor tenerla afuera y no dormir que seguir cargando la panza, no sé, por ahora la prefiero conmigo en la panza, tener el control de mi rutina con Giulia en la que ya se, más o menos, qué hacer y cómo se va a dar el día, en la que puedo planear momentos de descanso y recuperarme si fue un día duro.

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